Un análisis del discurso antifeminista de Viviana Canosa, en el que falacias, estereotipos y desinformación se combinan para atacar los derechos de conquistados.
Messina Tatiana Belén
Viviana Canosa, arquetipo del periodismo que desinforma
En el panorama mediático actual, el fenómeno de los discursos de odio (DO) y la desinformación han adquirido una relevancia creciente, que se manifiesta en múltiples formatos y plataformas, tanto físicas como virtuales. Analizar estas dinámicas es de una importancia estratégica fundamental, ya que constituyen obstáculos directos para el pleno ejercicio del derecho a la comunicación y representan un desafío significativo para la cohesión social. Este informe utiliza el caso de la comunicadora Viviana Canosa (VC) como muestra del periodismo televisivo contemporáneo que fusiona espectáculo, falacias lógicas y una marcada agenda antifeminista para capturar y movilizar a su audiencia. La elección de dicha periodista como caso de estudio se justifica porque constituye un ejemplo paradigmático de las nuevas lógicas mediáticas que priorizan el espectáculo, la confrontación y la polarización por sobre la información rigurosa. Su transición desde el periodismo de espectáculos hacia la opinión política de alto impacto ilustra cómo ciertas figuras pueden capitalizar el clima de época para construir una autoridad mediática basada en la incorrección política y la estigmatización.
El objetivo central de este trabajo es caracterizar y analizar el dispositivo enunciativo y las estrategias retórico-argumentativas que dicha periodista desplegó en sus editoriales televisivas en el contexto del 8M de 2022. A través de este análisis semiótico-discursivo, se demuestra cómo su discurso opera activamente para estigmatizar a las militantes feministas (MF), promoviendo así un clima social de intolerancia y debilitamiento del debate democrático.
Configuraciones del antagonismo social en la Argentina reciente
Para comprender la efectividad y la resonancia de las editoriales de Viviana Canosa, es crucial analizar el “clima de época” de nuestro país a principios de 2022. Este período estuvo marcado por una profunda y multifacética polarización social y política, que proveyó el terreno fértil para la amplificación de discursos de odio y desinformación. Los ejes de dicha división pueden comprenderse a partir de tres clivajes estructurales que reconfiguraron el espacio público y discursivo:
- Polarización cultural: el proceso de debate y posterior sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en 2020 cristalizó profundas e intensas discusiones a nivel cultural y moral. Los símbolos de los pañuelos verdes (a favor del derecho a decidir) y celestes (autodenominados “provida”) condensaron visiones del mundo antagónicas en torno a los derechos sexuales y reproductivos, la autonomía corporal y el rol de las mujeres en la sociedad.
- Polarización política: se expresa en la persistente confrontación entre las dos principales coaliciones del sistema político: el peronismo/kirchnerismo -identificado con posiciones de centroizquierda y con una fuerte impronta en las políticas sociales y la intervención estatal- y el liberalismo/derecha conservadora -que reivindica los principios del libre mercado y la reducción del rol del Estado en la economía-. Esta confrontación dominó el debate público y mediático.
- Polarización sanitaria: la pandemia de COVID-19 generó una nueva línea de división social. Mientras amplios sectores de la población adhirieron a las medidas de prevención y confiaron en las políticas públicas de salud y en la ciencia, emergieron con fuerza discursos negacionistas y movimientos anti-vacunas que pusieron en cuestión la legitimidad de la autoridad científica y estatal, interpretando las restricciones como una amenaza a las libertades individuales.
Viviana Canosa no fue una espectadora pasiva de estas controversias, sino que se erigió como una protagonista activa y catalizadora. Su posicionamiento en cada una de estas “grietas” fue claro y contundente, al utilizar sus editoriales en horario prime time para amplificar las posturas más extremas y confrontativas. A través de dichos monólogos performativos de indignación, VC construyó un relato sistemáticamente opositor al gobierno del Frente de Todos, militó públicamente contra la legalización del aborto -incluso participó como conductora de manifestaciones “provida”- y promovió discursos negacionistas -con tintes conspirativos- respecto de la pandemia, hasta llegó a consumir en cámara dióxido de cloro como gesto desafiante frente al saber científico.
Su estilo discursivo constituye una de las claves de su eficacia simbólica. En él confluyen recursos propios de la retórica del espectáculo -la exageración, la apelación directa al espectador y a la emoción- con estrategias de difamación, desinformación y construcción de estigmas, que operan como mecanismos de legitimación de su figura. Desde esta lógica, Canosa resignifica la figura de periodista, desplazándose hacia la de show woman política: una comunicadora que se presenta como “auténtica” y “valiente” por decir lo que otros callan. Esta operación discursiva banaliza el periodismo político al subordinarlo a la lógica del entretenimiento, al tiempo que naturaliza formas de violencia simbólica y antifeminismo mediático bajo la apariencia de una defensa de la libertad de expresión.
Estrategias de legitimación: el ethos como recurso persuasivo
Para comprender el poder de persuasión que ejerce el discurso de Viviana Canosa, resulta clave detenerse en la imagen que construye de sí misma ante su audiencia. Más allá de los datos biográficos o de su trayectoria profesional, lo que interesa es la figura que proyecta en escena: una identidad cuidadosamente moldeada para generar cercanía, confianza y autoridad. El análisis de las editoriales de marzo de 2022 revela que Canosa articula su ethos, es decir su imagen, en torno a tres roles sociales complementarios y estratégicamente entrelazados: el de madre, el de ciudadana y el de periodista.
Madre: protectora y defensora de la familia e infancias
Canosa se posiciona frecuentemente como una madre preocupada para enmarcar temas como la “ideología de género” y la “Agenda 2030” como una amenaza directa e inminente contra la inocencia de la niñez y la integridad de la familia tradicional. Al adoptar este rol, apela a una de las emociones más profundas y universales. Esta postura le permite activar pánicos morales, que consisten en presentar peligros exagerados o inexistentes para generar miedo y un rechazo visceral hacia el feminismo y las políticas de igualdad.
Una de sus frases más representativas en este sentido es: “dejen de adoctrinarlos, déjalos que los pibes elijan, que los padres decidan”. Con esta interpelación, no sólo se apropia de la consigna central de la campaña “Con mis hijos no te metas”, sino que también se presenta como defensora de la potestad parental frente a una supuesta intromisión del Estado y de colectivos “ideologizados”. Desde este ethos de madre protectora, sus ataques al feminismo adquieren una legitimidad emocional y moral que trasciende el debate puramente político.
Ciudadana: la voz del pueblo
Canosa construye una identidad de ciudadana común, de clase media, que está harta de la crisis económica, la inseguridad y la corrupción política. Se muestra como la portavoz del “rebaño de pelotudos”, un colectivo que ella misma nomina para representar a los ciudadanos que se sienten estafados y ninguneados por la clase dirigente. Desde esta posición, enumera los problemas cotidianos que afligen a su audiencia —inflación, pobreza, inseguridad— y los atribuye directamente a la mala gestión y la corrupción del gobierno kirchnerista, utilizando frases como “lo hicieron siempre con la nuestra” para generar un sentimiento de agravio compartido.
Este ethos le permite desacreditar políticas sociales, como el “Programa Acompañar” de asistencia a víctimas de violencia de género, tildándolas de “populismo de género” que fomenta la “vagancia” a costa de los contribuyentes.
Periodista: defensora de la libertad de expresión
Finalmente, Canosa también se muestra como periodista valiente y perseguida. En su editorial “La policía del pensamiento”, construye una narrativa en la que se presenta como víctima de un intento de censura por parte del “totalitarismo” feminista, en respuesta a una columna crítica de la periodista Mariana Iglesias. Se autodefine como “la única comunicadora (…) que no es verde” y como una defensora inquebrantable de “la libertad de expresión”, en oposición a un supuesto “fachismo” que busca silenciar las voces disidentes.

Para reforzar esta imagen, recurre a argumentos ad hominem, es decir, en lugar de refutar lo afirmado, ataca a la persona del adversario. Ejemplo de esto es cuando tilda a Mariana Iglesias de “totalitaria”, “fachista”, “censora”, entre otras aseveraciones: “Poneme la foto de Mariana Iglesias, la periodista editora de género, Mariana estás obsesionada conmigo, te gusto? Veamos…estás muy obsesionada conmigo mamu, si fueras hombre pensaría le pasa algo, ah no pero sos mujer, ¿me vas a violar? porque me siento perseguida por vos Iglesias, editora de género de Clarín, me siento perseguida por vos, me siento acosada por vos, me siento maltratada por vos, pediste que me echen, por qué no me dejan pensar lo que se me canta el orto? yo pienso como quiero, quien sos vos para decirme cómo tengo que pensar” (A24com, 2022).
De esta forma, se presenta como una mártir de la libertad de expresión, transforma las críticas a su discurso de odio y desinformación en un ataque a un derecho fundamental, una estrategia que le permite eludir la responsabilidad por sus dichos y reforzar la lealtad de su audiencia.
Tras analizar cómo Canosa construye su propia imagen para persuadir a su público, el siguiente paso es examinar las estrategias que utiliza para construir la imagen de su adversario: el movimiento feminista.
La construcción de las enemigas
La construcción de un “otro” negativo es una táctica central en los discursos de odio, ya que permite canalizar miedos y prejuicios hacia un chivo expiatorio. En este proceso, el estereotipo juega un papel crucial. Como lo define Ruth Amossy, es una “representación colectiva cristalizada” que simplifica, distorsiona y esquematiza la realidad para justificar el prejuicio y la discriminación. Viviana Canosa utiliza sistemáticamente esta estrategia para construir una imagen demonizada de las militantes feministas, presentándolas como enemigas que amenazan los valores tradicionales de la sociedad.
Esta polarización se materializa a través de una serie de estereotipos clave que Canosa repite en sus editoriales para descalificar y deshumanizar a las militantes feministas, a saber:
- Irracionales y sin pensamiento propio: Canosa las acusa de tener una “obediencia debida” al kirchnerismo, presentándolas como un grupo dogmático que no razona y que simplemente cumple órdenes de un “líder del momento”. Esta estrategia busca despojarlas de su agencia política y reducir sus reclamos a una simple manipulación partidaria.
- Asesinas y anti-vida: al abordar el debate sobre el aborto, las condena de manera contundente: “Ustedes odian, odian esto que tenemos acá (señala vagina) que es sagrado, nosotras podemos ser madres, es un regalo que nos hizo Dios, y ¿ustedes qué hacen? aborto, se cagan en la vida de los inocentes” (A24com, 2022). Este estereotipo reduce una compleja discusión sobre salud pública y derechos a una dicotomía moral simplista entre la vida y la muerte, lo que constituye una falacia de falsa dicotomía.
- Sucias y desprolijas: la descalificación se extiende al plano estético y de la higiene personal. Con frases como “Yo les digo algo a estas verdes, yo me voy a seguir bañando, me voy a seguir depilando las axilas, cavado, la tira de cola, las piernas, me voy a lavar el pelo, me voy a perfumar y me voy a poner cremas chicas, no voy a andar con el talón rajado como ustedes que es un asco, bañense. Tenemos un feminismo sin agua y sin jabón” (A24com, 2022), Canosa asocia al feminismo con la falta de cuidado personal, oponiéndolo a un ideal de feminidad tradicional, limpia y prolija que ella misma encarna.
- Odiadoras de hombres y resentidas: sistemáticamente, reduce las críticas estructurales al patriarcado a un supuesto resentimiento personal. Insinúa que las feministas odian a los hombres porque fueron rechazadas por ellos en el pasado: ¿Qué es el patriarcado para ustedes? ¿Es un padre ausente, es un hermano que les hizo bullying, es un pibe que en el secundario no les dio bola, en la universidad no se las garcharon? (A24com, 2022). Esta ridiculización busca invalidar la crítica política transformándola en un problema psicológico individual.
- Vagas y “planeras”: sostiene que las MF son mantenidas “con la nuestra” a través de políticas de “populismo de género”, asociándolas con la pereza y el aprovechamiento de los recursos del Estado, un estereotipo de clase muy arraigado:“Estas impostoras no creen en la patria, no creen en el honor, no creen en el esfuerzo, básicamente no creen en el laburo, porque insisto muchas de ellas no fueron a laburar para no sé, quedarse en tetas, para putear” (A24com, 2022).
- Violentas y anti-catolicismo: utiliza imágenes de actos de vandalismo en catedrales durante manifestaciones para estigmatizarlas como un grupo violento, sacrílego e intolerante: “¿por qué tanto odio hacia la iglesia?, ¿por qué van a las catedrales para ensuciarlas y cagarlas?” (A24com, 2022). Esta representación busca activar el rechazo de los sectores católicos y conservadores, presentándolas como una amenaza directa a los símbolos de su fe.
La siguiente tabla resume la estrategia de polarización moral que despliega Canosa, oponiendo una auto-representación virtuosa a una caricatura viciosa de las militantes feministas (MF).
| Cómo se presenta VC (El “Bien”) | Cómo representa a las MF (El “Mal”) |
| Mujer empoderada y trabajadora | Vagas, “planeras” y dependientes del Estado |
| Defensora de la vida y la familia tradicional | Asesinas, anti-vida y destructoras de la familia |
| Periodista valiente con experiencia y defensora de la libertad | Censoras, totalitarias y violentas |
| Limpia y estéticamente correcta | Sucias, desprolijas y “sin agua ni jabón” |
| Creyente y respetuosa de la Iglesia Católica | Odiantes de la Iglesia y profanadoras de catedrales |
| Denunciante de la “falsa sororidad” | Falsas sororas con doble moral |
Estas estrategias de estigmatización no son aleatorias; forman un discurso coherente y repetitivo que resuena profundamente en ciertos sectores de la audiencia, siendo amplificadas a través de las redes sociales como veremos en el siguiente apartado
Ecos digitales: caja de resonancia para destilar odio
Para indagar cómo el discurso de VC se produce y reproduce también en redes sociales, esta investigación extrajo 613 comentarios de X y Youtube en respuesta a las editoriales analizadas. Un 13% se mostró en desacuerdo con los dichos de la comunicadora, mientras que un 87% arrojó adhesión y valoración positiva. Para ser más específicos, se crearon tres categorías con ejemplos concretos que demuestran esta adhesión por parte del público:
1) Ejes temáticos: “No a la agenda 2030”, “es lamentable el adoctrinamiento”, “con nuestros hijos y nietos NO”, “están a favor de la muerte y asesinato” (aborto), “son la destrucción de la familia”, “promoción de la vagancia”, “libertinaje”, “tienen un resentimiento con los hombres”, “odian a la iglesia”, “no me representan”, “incitan el odio contra los hombres”, “nuevo orden mundial sólo busca la despoblación mundial”, “en una democracia nadie puede pedir la censura”.
2) Referentes y colectivos públicos: “el kirchnerismo nos metió en esto”, “el colectivo de actrices tiene doble moral”, “el ministerio (de mujeres) sólo trabaja para mantener a las vagas”, “tenés que dedicarle una patada en el orto a Mariana Iglesias”.
3) Insultos/agravios/prejuicios: “satánicas”, “nefastas”, “parecen fumadas y de la cabeza”, “enfermas (…) tienen que desaparecer”, “trastornadas enfermas del pañuelo verde”, “vagas, asesinas de niños”, “cínicas”, “patéticas”, “perfecto tumor”, “hipócritas”, “resentidas sociales”, “amebas mononeurales (sic) empastadas de militancia verde”, “femisucias”, “cicopatas” (sic), “progres”, “horda de imbéciles, idiotas, putas, taradas verdes, mutantes inútiles”.
Entre la desinformación y la intolerancia: el papel del periodismo en la erosión democrática
Este estudio plantea que el discurso de Viviana Canosa en las editoriales analizadas de marzo de 2022 constituye un caso claro de violencia mediática y simbólica. Mediante el uso sistemático de falacias lógicas, desinformación y estrategias retóricas de estigmatización, su alocución promueve activamente el descrédito y la hostilidad hacia un colectivo político, las militantes feministas, contribuyendo a un clima de intolerancia que erosiona la calidad del debate público.
El rol de Canosa no es el de una voz aislada, sino el de una amplificadora de una agenda política más amplia. Su discurso se alinea perfectamente con las estrategias de la derecha global y los movimientos “anti-woke”, que buscan revertir los avances en materia de derechos de género y diversidades. Al hacerlo, tensiona deliberadamente los límites de la libertad de expresión, al utilizar este derecho como un escudo para propagar un discurso que fomenta la incivilidad, la polarización y la desconfianza en las instituciones.
El impacto de este tipo de periodismo es profundo y multidimensional. En primer lugar, fomenta la normalización de los discursos de odio en la esfera mediática, como se evidencia en la recepción altamente positiva y la replicación de insultos por parte de su audiencia en redes sociales. En segundo lugar, socava los avances legislativos y culturales en materia de igualdad de género al presentarlos no como conquistas de derechos, sino como una “amenaza” a los valores tradicionales, la familia y la niñez. La construcción del movimiento feminista como un “enemigo” interno sirve para deslegitimar sus demandas y justificar la agresión en su contra. En última instancia, el caso de Viviana Canosa no puede ser entendido como un fenómeno mediático aislado, sino como una pieza clave en la “batalla cultural” del antiprogresismo que preparó el terreno para la aparición de ciertos actores políticos en Argentina. Dado que la constante promoción de un clima de hartazgo, la estigmatización de los movimientos sociales y la canalización del descontento hacia un enemigo “progresista” contribuyeron a crear las condiciones de posibilidad para el ascenso y la victoria electoral de figuras como Javier Milei, quien capitalizó eficazmente el sentimiento anti-establishment y anti-feminista. El surgimiento de este nuevo sujeto político antifeminista y antiderechos plantea no sólo desacuerdo ideológico, sino de un proyecto cultural que busca revertir décadas de avances en materia de igualdad y derechos humanos. Por ello, es que el discurso de figuras mediáticas como Viviana Canosa no solo refleja esa corriente, sino que la legítima y amplifica, dotándola de visibilidad y aparente sentido común. Lo preocupante es que, bajo la retórica de la libertad y la incorrección política, se normalizan expresiones de odio, violencia simbólica y desprecio por la diferencia. Por todo esto, es que queremos subrayar la ineludible responsabilidad de los medios y las plataformas digitales en la moderación de discursos que, insistimos, usan su libertad de expresión para promover la hostilidad y contribuyen así a la erosión de los cimientos del debate democrático.
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